Y hemos alcanzado una fecha muy significativa, una conmemoración especial, un momento histórico…, hemos alcanzado el CINCUENTA ANIVERSARIO de esta nueva era de las fiestas que Benafigos celebra anualmente en honor a la Virgen de la Ortisella.
Parece que fue ayer cuando un puñado de buenos benafiguís decidió colaborar más activamente en la organización de las fiestas patronales de su pueblo que estaban atravesando en aquellos años por un periodo de franca decadencia.
Corrían otros tiempos y las circunstancias eran otras bien distintas. La década de los años setenta del pasado siglo estaba recién estrenada y los efectos de la despoblación comenzaban a dejarse notar en el pueblo. En tan solo los últimos veinte años Benafigos había perdido alrededor de los 340 habitantes, es decir, prácticamente el 40% de la población que contaba justo a mitades de siglo, y las fiestas, al igual que bastantes otros de los demás factores y valores humanos, materiales, sociales, morales y espirituales tan característicos y en algunos aspectos parte fundamental para el buen desenvolvimiento de la vida cotidiana en el pueblo…, empezaban a resentirse.
Fue entonces, como suele ocurrir en estos casos, de forma espontánea y casual…, precisamente en el transcurso de una divertida juerga que estaban celebrando un grupo de buenos amigos, todos muy juerguistas ellos, en un domicilio particular de la localidad, donde surgió esta idea…, una idea que su puesta en práctica y posterior desarrollo, tanto ha contribuido en estos últimos cincuenta años a realzar el buen nombre y la buena imagen del pueblo de Benafigos.
Nadie en aquel momento, ni los propios promotores, podían imaginar que aquello llegaría tan lejos, que aquella nueva e innovadora forma de entender, interpretar, organizar y hacer las fiestas tuviera tan buena aceptación, y menos aún podían imaginar que con el paso del tiempo las fiestas de Benafigos llegaran a alcanzar tanta continuidad, tamaña popularidad, y tanto prestigio.
Para llegar hasta aquí ha habido de todo un poco, el camino recorrido ha sido largo, muy largo, larguísimo, y no siempre placentero. Hemos disfrutado de momentos muy gozosos y dichosos, pero también ha sido necesario hacer frente a muchas dificultades, y a situaciones muy delicadas y adversas…, situaciones y adversidades que solo llevados y empujados por nuestro amor hacia el pueblo, nuestra devoción a la Virgen de la Ortisella, y sobre todo, llevados y empujados por ese espíritu tan especial que la gran mayoría de los que de alguna manera hemos formado parte de la Comisión llevamos en nuestro interior…, hemos sido capaces de superar y vencer.
Hemos sido a la vez, mayoritariamente en los inicios, engrandecidos y hundidos, alabados y criticados, apoyados y desprestigiados… Nos hemos encontrado con caminos llenos de rosas que engalanaban y perfumaban nuestro armonioso e incesante caminar…, y nos hemos encontrado con caminos tortuosos, llenos de espinas, en donde no han faltado tampoco algún que otro aguijonazo malintencionado y ruin.
Pero ni tanto ni tan poco, ni una cosa ni la otra, nunca nos hemos considerado tan valiosos como algunos se han esforzado en hacer ver, ni tan ineptos como otros han pretendido dar a entender.
A decir verdad no nos podemos quejar, las luces han predominado amplísimamente sobre las sombras, y los momentos buenos han sido infinitivamente superiores a los no tan buenos, en realidad situaciones realmente malas apenas si las ha habido.
No han faltado tampoco las críticas, aunque han sido muy escasas, y casi siempre vertidas por los mismos, a decir verdad el trabajo de esta Comisión, en líneas generales, siempre ha sido muy bien considerado, apoyado, aceptado, valorado y respetado prácticamente por todos los benafiguís.
Los comienzos, sobre todo los dos o tres primeros años, fueron los momentos más complicados. Hubo quienes no acertaron a interpretar y comprender bien cuales eran nuestras verdaderas intenciones, y encima se esforzaron en hacer ver a los demás lo que en realidad no era. Cabe apuntar que al principio llegó a haber dos comisiones, como dos juntas ejecutivas, una que era la que ya existía, administraba el dinero recaudado en el pueblo mediante la cuota que pagaban los vecinos y se encargaba principalmente de las actividades taurinas. La otra era la nueva, la recientemente creada, cuya gran mayoría de componentes habitualmente residíamos fuera –los forasteros había quienes nos llamaban-, administraba el dinero de los socios, que por cierto el año 1972 fuimos cincuenta y tres a razón de mil pesetas de cuota, y nos encargábamos de organizar y patrocinar actos como la presentación, tasca, mascletaes, comidas, loterías… La cosa no terminaba de funcionar bien, existían ciertas tiranteces, faltaba algo de entendimiento, hasta que se optó por la unificación y pasó a haber una única Comisión, que fue cuando las fiestas encontraron su definitivo y buen camino.
Admitimos no haber acertado siempre, que nos hemos equivocado en repetidas ocasiones, por lo que les pedimos mil perdones, si alguna de nuestras decisiones o acciones han podido ofender o herir la susceptibilidad de alguien, de verdad que lo lamentamos y sentimos muchísimo, jamás ha sido nuestra intención hacerlo. Esperamos que comprendan que cuando se trata de tener que complacer a tanta gente a la vez, resulta muy difícil, por no decir casi imposible conseguirlo, porque cada uno tenemos un gusto y una forma diferente de pensar y ver las cosas.
En este aspecto creo que nada se nos pueda reprochar, todos los componentes de la Comisión nunca hemos regateado esfuerzos, nuestra única finalidad ha sido procurar hacer las cosas lo mejor que hemos sabido, hemos podido y el dinero disponible nos ha permitido. Nuestro trabajo se ha basado siempre en la dedicación, la imparcialidad, la transparencia, honestidad y continuidad, y creo sinceramente que no nos ha ido nada mal.
No cabe la menor duda que para la gran mayoría de los que hemos llegado a formar parte de la junta directiva o de los diferentes grupos de trabajo durante un cierto tiempo, la Comisión y las fiestas han significado mucho en nuestras vidas, han llenado una buena parte de nuestra existencia, han sido nuestros fieles acompañantes durante una gran parte o en la totalidad de estas últimas cinco décadas.
La historia es muy larga y al propio tiempo que te alegra contarla te abruma tener que hacerlo, son demasiados los recuerdos, la nostalgia y las sensaciones que sientes. Los de mayor edad en los inicios, así como otros no tan mayores, nos fueron dejando para siempre en el transcurso de este largo recorrido. Los más longevos que quedamos en estos momentos estamos conviviendo con las fiestas desde nuestra juventud, luego vivimos nuestra madurez y ahora estamos viviendo la vejez. Los que se incorporaron a no tardar lo hicieron a muy temprana edad, siendo solo unos chavales, y han venido recorriendo el mismo camino que el nuestro. Los más jóvenes que forman parte de la Comisión actualmente comenzaron a conocer todo esto de muy niños, jugando más que a nada a los toros el mismo día que empezaban a montarse las barreras, y contemplando con la ilusión, la buena disposición y las ganas con las que estaban trabajando sus padres..., ilusión, buena disposición y ganas de las que ellos mismos se fueron impregnando.
Los que formábamos parte de la Comisión desde los comienzos, al igual que los incorporados durante los cinco o seis años siguientes, vivimos el arranque de esta nueva era de las fiestas con veinte y pocos años o sin haber cumplido todavía la veintena. Lo hicimos principalmente bebiendo y canturreando un poco al estilo de entonces, y participando en alguna que otra juerga…, juergas que algunas veces estaban impulsadas incluso por la propia Comisión con el fin de animar la fiesta. Lo hicimos igualmente oliendo a pólvora de la cantidad de cohetes que llegaron a dispararse en los primeros años, toreando un poco a los que les apetecía, y también, eso los que podían…, bailando al son de aquellas bellas canciones de la época interpretadas bien por un tocadiscos, acordeonista o solista, dúos, tríos o por aquellas peculiares orquestas que –sin apenas soporte técnico ni equipo de luces y sonido-, solían venir al pueblo en aquellos recordados y añorados tiempos.
De los componentes de la Comisión entonces, había que ya tenían mujer, otros ennoviaron directamente aquí en el pueblo, y una buena parte del resto lo hicimos fuera. En uno o en otro lugar la mayoría contrajimos matrimonio, muchos hemos visto nacer y crecer a nuestros hijos que en ciertos casos ya forman parte de la Comisión desde hace tiempo, los hay que han tenido la satisfacción de verse convertirse en abuelos, y los somos que ya estamos disfrutando de la jubilación…, todo esto formando parte de la Comisión y con las fiestas de por medio.
Las fiestas han supuesto mucho para nosotros, nos han enseñado muchas cosas, y la mayoría buenas. Hemos vivido infinidad de nuevas experiencias, porque aunque, igual aquí como en otros lugares, si ojeas los programas las fiestas cada año parecen como si fueran una repetición de las ediciones anteriores, en la realidad sobre la práctica cada ejercicio es completamente diferente, por la razón que sea siempre te cambian las cosas, lo cual te obliga a improvisar, a tener que emplear y poner en práctica nuevas formas de organización que no habías empleado nunca con anterioridad, y esto al repetirse año sí y al otro también, a la hora de ir aprendiendo cosas nuevas e ir adquiriendo experiencias, a larga se nota y mucho.
Además las fiestas nos han abierto muchas puertas, nos han permitido acceder a muchos sitios, a relacionarnos con extraordinarias personas que con el paso del tiempo algunas incluso han llegado a convertirse en grandes y entrañables amigos, en fin, las fiestas nos han facilitado conocer a cantidad de gentes maravillosas que de no ser por las fiestas, nunca las hubiéramos conocido.
Pero no todo han sido glorias y pascuas, ni laureles y claveles, no han faltado tampoco los momentos amargos ni las situaciones tristes. Durante este tiempo, somos muchos quienes hemos perdido a nuestros padres, familiares y a cantidad de buenos amigos, al igual que a muchísimas otras personas conocidas e igual de bien queridas. Nos han dejado un buen número de socios y varios compañeros miembros de la Comisión, y los hay incluso que han pasado por el difícil trance de ver morir a sus propios hijos.
En unos momentos tan especiales como los que estamos viviendo, no podemos olvidarnos de todos y cada uno de los que nos dejaron para siempre durante este largo caminar, hacia ellos nuestro más respetuoso, sentido y emotivo recuerdo. Fraseando a la escritora chilena Isabel Allende “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan…”.
Antes de continuar debo aclarar que, aunque en algunas partes del presente relato no he podido evitar hablar en nombre de la Comisión, que dadas las circunstancia que ustedes mismos conocen resulta a todas luces comprensible, salvo la cesión gratuita del espacio suficiente para su inserción en el llibret del programa, detalle que de verdad agradezco, la Comisión no tiene absolutamente nada que ver con la redacción del presente escrito…, dicho escrito ha sido redactado y editado a título personal por el propio autor que lo firma. Por lo tanto, la Comisión como conjunto, al igual que cada uno de sus miembros en particular, es muy libre de hacer suyas, compartir, apoyar, discrepar e incluso rechazar, bien solo parcialmente o bien en su totalidad, las opiniones y expresiones que en el mismo quedan reflejadas.
Hablar con pelos y señales de la historia de las fiestas dando amplia información sobre actos celebrados, fechas, anécdotas, curiosidades, éxitos, fracasos… y porque no, hablar y dar los nombres de las personas que mayormente nos han apoyado, y el de quienes no lo han hecho tanto, podría resultar muy curioso e ilustrativo, pero también resultarían muy largo y poco ético, por eso mismo hemos optado, por esta vez, en ser prudentes, globalizar y ser lo más escuetos posible, aunque no descartamos la posibilidad de algún día publicar toda esta información.
Ahora, aun a cuestas de alargarnos en demasía, de ponernos algo pesados y aburridos, y aunque solo sea para exponernos a recibir algún palo y alguna que otra crítica, que a bien seguro tampoco van a faltar, sí que vamos a hablarles de algunos de los hechos, factores y de los actos que, bajo nuestra modesta opinión, han venido teniendo una importancia vital en el buen desarrollo y el éxito de las fiestas.
Hablando de críticas, no me extrañaría en absoluto, es más, tengo la completa certeza, que bien por su publicación, contenido, extensión o vete a saber, el presente escrito vaya a recibir más de una, pero en este sentido tengo la conciencia muy tranquila. Si analizamos en profundidad toda esta larga historia, en la manera que comenzó todo esto, en la forma en que se han venido celebrando y desarrollando, en las peculiaridades y demás detalles especiales que siempre las han envuelto y caracterizado, en el enorme trabajo desarrollado por todas y cada una de la gran cantidad de personas que han llegado a formar parte de los grupos de trabajo de la Comisión, y sobre todo si nos paramos a pensar en lo que las fiestas han significado para el pueblo en cantidad de aspectos…, sinceramente creo, y a bien seguro que una gran mayoría de ustedes también comparten esta misma opinión, que aunque nos extendamos un poco, después de cincuenta años, las fiestas bien merecido tienen dedicarles estas páginas dentro del llibret del programa.
Volviendo a lo que íbamos, en realidad no resulta nada fácil valorar acertadamente a la infinidad de actos que se han venido celebrando, y menos aún tener que hacerlo a satisfacción de todos. De nuestra parte, hemos optado y nos hemos basado a la hora de realizar la selección en el significado y transcendencia, bien social y material, como moral, cultural y espiritual, que para el pueblo, la Virgen y las fiestas en si haya podido tener cada acto, en su poder de convocatoria, en el revuelo que han podido levantar, y en el nivel de aceptación general.
Por encima de cualquier otro acto de los demás destararía y resaltaría a los traslados de la imagen de la Virgen de la Ortisella a la localidad -4 de septiembre de 1976, 5 de septiembre de 1981, 7 de septiembre de 1991, 2 de septiembre de 2001, y 3 de septiembre de 2011-. Han sido el santo y seña de las fiestas, sin ningún tipo de duda han sido el punto central en torno a los cuales ha girado todo lo demás. Han sido los actos de mayor grandeza, los de mayor relevancia y transcendencia, los más esperados, los de mayor solemnidad, han sido una gran manifestación de fe, de esperanza y confianza..., toda una demostración de la devoción, de la inmensa y gran devoción, que los benafiguís, y de quienes sin serlo se identifican y piensan como nosotros, sentimos hacia nuestra patrona la santísima Virgen de la Ortisella. En cada ocasión que su sacratísima imagen ha sido traslada al pueblo y paseada en volandas por las calles de la localidad, se han vivido momentos de enorme emotividad y se han producido escenas inenarrables.
Dentro de otro contexto diferente y refiriéndonos a los inicios la presentación y proclamación de reinas y damas, la tasca, las tracas y la comida ofrecida a los socios fueron los actos más novedosos e importantes, y además fueron los de mayor fundamento, porque contribuyeron significativamente al buen arranque y a la buena cimentación de aquella nueva era de las fiestas que acababa de empezar entonces. Habría que incluir igualmente otros actos como algunas novedades en las exhibiciones taurinas, el homenaje a la vejez, y la aparición de los espectáculos de variedades, entre otros, pero esto vino luego a continuación.
La presentación posiblemente haya sido uno de los actos de mayor calado y relieve, el mejor valorado, el más novedoso, admirado y halagado, y el que, mientras se celebró, con mayores beneplácitos habrá contado. Ha sido sin duda el que más ilusiones habrá levantado, y el que mayores satisfacciones habrá dado. La presentación de Benafigos, con su propio estilo, con su especial forma de celebrarse, con su particular protocolo, puesto en duda por algunos y tan valorado por otros, por su casi siempre acertada narrativa, por su forma de saber darle esos aires de grandeza y ese toque de emotividad que son sin duda la esencia principal de todo acto de este tipo, y por haber estado casi siempre por encima de las posibilidades reales del pueblo…, llegó a ser única y especial, llegó a ser el orgullo de Benafigos, y la admiración de mucha gente de diferentes otros lugares que acudían a presenciarla. Como muchos ya conocen, la presentación ha constado de dos etapas muy bien diferenciadas, la primera se prolongó ininterrumpidamente desde los mismos inicios hasta el cuarenta aniversario, siempre estuvo organizada por la Comisión, y es a la que me refiero en los comentarios que formulo. La segunda parte, es decir, la de los últimos años, el encargado de organizarla fue el Ayuntamiento, pero dada mi estrecha vinculación con este acto durante la primera etapa, considero que de los últimos años no soy quién para opinar…, y de hecho no voy a hacerlo. Como dato curioso, cabe apuntar que durante los primeros años -1972, 1973 y 1974-, la imposición de bandas llegó a celebrarse a mediodía coincidiendo con la inauguración de la tasca, y sin ningún tipo de protocolo que lo rigiera, era un acto de enorme belleza, muy entrañable, novedoso, atractivo, emotivo y especial para las gentes del pueblo.
Los espectáculos taurinos ya venían celebrándose desde muchísimo antes del nacimiento de esta nueva Comisión, a partir de entonces enseguida se introdujeron algunas novedades como la compra de animales con el fin de ser sacrificados y aprovechar la carne, las emboladas, las vacas y toros cerriles… y la verdad sea dicha -salvo rarísimas excepciones-, las exhibiciones taurinas por lo general siempre han rayado a buena altura, y han contribuido a atraer a un gran número de buenos aficionados al pueblo. Durante estas últimas cinco décadas por la plaza de Benafigos han pasado muy buenos corros de vacas, han sido embolados bravos toros de alquiler y se han exhibido excelentes toros cerriles.
La tasca, con su correspondiente torra de sardina incluida, puede que sea el acto que en mayor medida se haya visto influenciado por los cambios que la sociedad ha venido experimentando de hace unos años a esta parte. En un principio, especialmente de cara a la gente mayor, era como una gran juerga, una gran fiesta, como un buen bureo parecido a los que se solían celebrar antaño, un acto que ilusionaba, era toda una gozaba, un acto que cada año se esperaba…, donde se degustaban, para muchos entonces, productos novedosos que no solían comerse muy a menudo, y encima se podían acompañar con un excelente tintorro de buena graduación lo que favorecía que se cogiera alguna que otra media melopea que también formaban parte de la esencia del acto y de la fiesta en sí. En la actualidad, cuando se trata de comer, la gran mayoría estamos hartos de todo, y los mismo productos que entonces ilusionaba comerlos, ahora se comen solo por el simple hecho de hacerlo, lo que hace que el acto haya perdido un poquito, no mucho tampoco, del sentido que tenía en un principio, pero aún con esto y aunque aquellas personas bien entradas en edad que tanto la disfrutaban y caracterizaban entonces ya no se encuentra entre nosotros, la tasca ha sabido adaptarse muy bien a los nuevos tiempos y su aceptación continua siendo altísima.
La comida de los socios, no sé por qué, pero continúa teniendo un interés especial, después de tantos años, y prácticamente con el mismo menú, formato y manera de celebrarse, se encuentra en su máximo esplendor, cada año aumentan el número de comensales y al final los ves a todos alegres, divertidos y complacidos, con semblante desenfadado y con cara de satisfacción, que es la mejor señal de que la cosa gusta y que la gente se lo pasa bien.
En algunos tiempos, el lunes de después del domingo que finalizaban las fiestas, llegó a celebrarse otra comida con las sobras del día anterior, si las había, sino se añadían algunas otras viandas diríamos de escaso valor. Estaba destinada principalmente a los colaboradores en las tareas de limpieza y retirada de enseres, y la verdad es que hubo años que la gente llegó a pasárselo bastante bien. Así mismo, hace años llegó a celebrarse otra comida, bien pagada en su totalidad o solo en parte por la Comisión o la mayoría de veces pagada a escote por los asistentes, pero esta, por una cosa o por otra, casi siempre estuvo envuelta de polémicas.
El homenaje a la vejez es sin duda el acto que, en especial a los de más edad en la actualidad, mayormente te emociona, te despierta los buenos sentimientos y te ablanda el corazón. Es el acto que mejor simbolizada y representa nuestra larga implicación en las fiestas, es el que mejor te hace ver y sentir muchas cosas. Cuando empezó a celebrarse éramos nosotros mismos quienes lo preparábamos para que lo disfrutaran nuestros padres, abuelos y demás personas mayores que tenían a bien asistir… actualmente son nuestros propios hijos o sus compañeros de Comisión, quienes lo preparan con el fin que lo disfrutemos nosotros. Así que imagínense el cambio, es este un hecho que te hace reflexionar, es el hecho que mejor lo explica y dice todo.
La calidad de las tracas y la cantidad de masclets y cohetes borrachos que llegaron a dispararse en los principios, también tuvieron bastante que ver en el buen arranque de esta nueva era de las fiestas. Suponían toda una novedad, un acontecimiento que nunca antes había sido visto en el pueblo. Era algo cada año muy esperado, y era mucha la expectación que levantaba.
Los espectáculos de variedades llegaron sobre casi una década después de los comienzos, y cabe apuntar que el primero fue sufragado por el Ayuntamiento, y a continuación, durante los años que continuaron celebrándose, corrieron a cargo de la Comisión. Puede que a día de hoy no tuvieran ni la mitad de aceptación e incluso me atrevería a decir que casi ni tendrían cabida, pero en aquellos tiempos levantaban una gran expectación, despertaban un inusitado interés y tenían un enorme poder de convocatoria. Atraían a mucha gente, a muchísima gente, la plaza de la Iglesia, también conocida como plaça de Dalt, se llenaba a reventar hasta la barrera del canto de la sacristía. La gente asistente contemplaba cada actuación guardando las formas en todo momento, en un completo silencio, con un civismo fuera de lo normal…, los propios artistas y los promotores del acto llegaron a comentarme en más de una ocasión que así daba gusto actuar, que en pocos lugares se habían sentido tan arropados, valorados y respetados.
El mundo iba evolucionando y cambiando muy rápido en aquellos años, y consecuentemente los gustos, aficiones, hábitos y costumbres también. Con ello la juventud -entre discotecas, fiestas de pueblos, botellones y demás-, empezó cada vez a moverse con mayor frecuencia, a salir de jarana…, principalmente en las noches de los sábados. Fue entonces cuando cada año los jóvenes y no tan jóvenes acudían en mayor cantidad, y si a esto añadimos la contratación de alguna que otra aceptable orquesta que desde un principio siempre las ha habido, y la construcción de la caseta del bar que vino a continuación, todo junto contribuyó a que el segundo sábado de fiestas acudiera tanta gente a Benafigos, y que sobre todo en la plaza de la Iglesia, se creara aquel ambiente único y especial que no tardó en hacerse famoso en las demás localidades del alrededor y en muchos otros lugares de todavía más allá.
A lo largo de tantos y tantos años se han venido celebrando otra gran cantidad de acertados y buenos actos –cabalgatas, pasacalles, concursos, verbenas, cucañas, juegos infantiles, campeonatos de bailes, butifarra y guiñote, paellas, tiro al plato, funciones teatrales, grupos de animación callejera, conciertos, carreras, rondallas, bailes folclóricos…-, así como muchos más que igualmente han rayado a gran altura y por supuesto también merecerían ser comentados con mayor detenimiento, pero como el tiempo y el espacio apremian vamos a dejarlo para otra ocasión, sin que ello signifique que desmerezcamos a ninguno.
Además del acierto en los actos programados, la asistencia y participación es parte fundamental de cara al éxito de toda programación festera, y en este sentido no tenemos ninguna queja, por lo general la gente se ha portado extraordinariamente bien en este aspecto, su comportamiento y asistencia a los actos celebrados ha sido siempre ejemplar. De otro lado, a la hora de hacer fiesta y de crear un buen ambiente, y encima en pueblos pequeños y con escasos recursos como el nuestro, aunque ayudan muchísimo, y de necio seria no reconocerlo, no siempre son necesarios grandes eventos y actos de elevado coste, en momentos determinados, una simple juerga o una buena reunión llena tanto y hace casi igual de fiesta que otro acto cuyo importe es infinitivamente superior, y las gentes de Benafigos somos buenos especialistas sobre este particular…, una simple guitarra, y no necesaria muchas veces, algo de bebida y en ocasiones un poco de comida, nos bastan y nos sobran para organizar un buen bureo o una divertida juerga, y como queda apuntado al principio, recalco una vez más, fue precisamente en el transcurso de una juerga de este tipo donde se comentó por primera vez la idea de crear esta nueva Comisión…, una Comisión que de forma desinteresada y aceptando en su totalidad las normas y condiciones que venían rigiendo desde antes, no tardó en ponerse a trabajar en la preparación y organización de las fiestas.
Varias veces he sido preguntado sobre qué actos destacaría a nivel personal, y la verdad sea dicha hasta este momento siempre había declinado la contestación, pero al tratarse en esta ocasión de una conmemoración tan especial, esta vez sí que voy a hacerlo. En primer lugar, y por encima de cualquier otro de los demás, destacaría los traslados de la imagen de la Virgen de la Ortisella a la localidad, incluyendo a la totalidad de los actos que ello conlleva. A continuación recalcaría a casi la totalidad de los actos de la presentación de reinas y damas, muy especialmente y por varias razones la del año del veinte aniversario, y también subrayaría la intervención de cuatro o cinco señores mantenedores y presentadores.
Por otro lado destacaría, menos a uno, a la totalidad de los espectáculos de variedades que llagaron a celebrarse, a unas quince o veinte exhibiciones de ganado vacuno, a la desencajonada y al juego que dieron dos o tres toros cerriles, a cuatro o cinco determinadas orquestas, a un par de mascletaes que se dispararon en los principios, a una función teatral sobre escenario, un par de funciones de teatro de animación callejera, y el ambiente que en ciertos años se llegó a crear en la plaza de la Iglesia. Sin olvidar tampoco el año que la Comisión fuimos clavarios de la Virgen, las obras del alrededor de la ermita llevadas a cabo aquel mismo año, y las ocasiones en que se ha repartido algún premio de la lotería, que aunque de escaso importe se han venido prodigando por encima de lo que suele ser normal en estos casos, y ello siempre te alegra y complace.
Así mismo, aunque me hayan impactado todas, de una forma muy especial, me sobrecogió la procesión por las calles de la localidad de la imagen de la Virgen con ocasión del cuarenta aniversario. Aquella fascinante puesta de sol que se estaba ocultando tras las altas montañas allá por el horizonte, la melancolía y buenos sentimientos que desprendía aquella hermosa tarde a medida que estaba cayendo, la excitación que sentías en tanto se acercaba el inicio del acto, la gran cantidad de participantes congregados frente a la iglesia incluso mucho antes del comienzo, el incesante y armonioso repique de campanas desde lo alto de la torre del campanario anunciando y acompañando la celebración, aquellos limpios y anchos cielos del espacio infinito que se iban poblando de estrellas acorde avanzaba la procesión, las tenues luces de los farolillos que irrumpían tibiamente en las tinieblas de aquel mágico anochecer, aquel profundo silencio solo roto por los acompasados y acertados sones de la banda de música, y por los conmovedores cánticos de las mujeres del pueblo invocando a la Virgen, la inmensa devoción y fervor que veías reflejado en el semblante de la totalidad de los asistentes, y aquella sensación de espiritualidad que parecía envolverlo todo…, me calaron muy hondo.
Para alcanzar este CINCUENTA ANIVERSARIO ha sido necesario que confluyeran favorablemente muchas cosas. Ha sido esencial y primordial la colaboración y buena disposición de muchísima gente, así como la avenencia, unidad y amistad, recalco, la gran avenencia, unidad y amistad, al igual que la camarería y el buen ambiente que en todo momento ha imperado en el seno de la Comisión, desde un principio hemos sido siempre como una gran familia…, y de hecho así es, porque prácticamente todas las familias del pueblo o descendientes del mismo han contado o cuentan actualmente con alguno de sus miembros formando parte de la misma.
Ha sido igualmente necesario la aportación y colaboración de mucha gente, especialmente la de los integrantes de la Comisión en cada una de las diferentes etapas, la de los socios que han venido siendo el principal soporte moral y económico, y la de los vecinos del pueblo siempre dispuestos a colaborar en lo que hiciera falta y estuviera a su alcance. Bajo mi punto de vista, y se lo dice alguien que conoce muy bien este tema, la Comisión, con los componentes de cada uno de los diferentes grupos de trabajo incluidos, los socios y los vecinos del pueblo han sido parte fundamental en el buen desarrollo de las fiestas, lo han sido todo, absolutamente todo, sin su aportación las fiestas nunca habrían llegado tan lejos, hubiera sido completamente imposible alcanzar este momento.
También merecen ser resaltadas las facilidades concedidas por las autoridades, tanto civiles y eclesiásticas como sanitarias y del orden, que salvo en contadas ocasiones de las que podríamos mencionar, por un lado, una buena discusión con un veterinario provocada más por su comportamiento arrogante que por el hecho en sí…, y por otro lado, sus más y sus menos mantenidos con ciertas primeras autoridades locales, no digo todas, motivados por determinadas omisiones, intromisiones y escaso reconocimiento del buen nombre, en el trabajo y de los méritos contraídos por la Comisión, y que tuvieron lugar principalmente durante la primera mitad de la segunda década del actual siglo. Así mismo, y sin que tengan absolutamente nada que ver con lo expuesto anteriormente, porque acontecieron con anterioridad, también llegaron a existir ciertos problemillas con algún otro máximo representante de la corporación municipal, pero en este caso su contenido y las causas principales que los motivaron, prefiero silenciar… Por lo demás, siempre todos nos han apoyado, han estado a nuestro lado y se han portado extraordinariamente bien con nosotros.
Igualmente es digno de resaltar el importantísimo papel que han jugado nuestras respectivas familias. Han sido la cara oculta de la Comisión, quienes posiblemente menos han figurado, y quienes con una buena parte de sacrificios han cargado, por eso mismo, sinceramente creemos que bien ganado tienen que les dediquemos estas líneas en reconocimiento a su sufrida, sorda y casi siempre desapercibida labor.
Algo parecido ocurre con las concejalas o concejales de fiestas que han venido sucediéndose en el desempeño de este cargo. Por unas cosas o por otras, su labor muchas veces no ha sido debidamente reconocida y valorada, y en cambio, por lo general, siempre tuvo mucho que ver en el buen desarrollo y funcionamiento de las fiestas.
Una mención especial merece la totalidad de reinas y damas que con tanta brillantez y tan admirablemente han presidido las fiestas y han representado a la mujer benafiguí durante todos estos años, sin olvidarnos tampoco del importantísimo papel que han desempeñado sus respectivas familias. Así mismo, justo será también reconocer la colaboración de sus acompañantes, y la de los presentadores y mantenedores que han intervenido en cada una de las celebraciones de este acto.
No podemos olvidarnos tampoco de ofrecer nuestro agradecimiento a los anunciantes, a las entidades oficiales y privadas, colaboradores en la venta de lotería, administraciones de loterías, empresas, personas particulares, peñas, establecimientos locales, comercios, oficinas bancarias, imprentas, ganaderías, emboladores, rodadores, agencias de espectáculos, rondallas de música de cuerda, bandas de música, grupos folclóricos…, así como a los demás colaboradores, participantes y asistentes en general, en fin, a todos aquellos que de una manera o de otra han tenido algo que ver con las fiestas de Benafigos durante este último decalustro. La verdad es que todos se han portado extraordinariamente bien con nosotros, de corazón muchas, pero que MUCHISIMAS GRACIAS. “La gratitud se da cuando la memoria se almacena en el corazón y no en la mente” (Lionel Hampton).
Sin ninguna duda ha tenido también bastante que ver en el éxito de las fiestas el acierto en la designación de las persona o grupos de personas que han estado al frente de la Comisión y se han venido encargando de la administración y coordinación de la misma, siempre han sido las adecuadas y las que mejor podían desarrollar esta labor en cada una de las diferentes etapas.
De cara a evitar recelos, por no decir incluso enfrentamientos, ha sido muy importante el procurar y saber evitar a toda costa los piques entre propios compañeros, no buscar y menos mencionar que unos han hecho mejores fiestas que los otros, porque la Comisión no son unos ni son otros, la Comisión es un conjunto, la Comisión hemos sido siempre todos. En realidad aquí hay lo que hay, y en definitiva es el dinero el que manda y si se gasta por encima de lo debido, luego pasa lo que pasa y pagan las consecuencias los que vienen detrás, por eso mismo lo mejor es gastar lo justo y necesario, y si hay sobras reservarlas con el objetivo de gastarlas cuando haya estrecheces. Bajo mi modesta opinión, por lo que hace referencia a casos especiales, como ocurre con la fórmula empleada en la organización de nuestras fiestas patronales, la definición de “fulano o mengano han sido los que han hecho mejores fiestas” nunca debería ser empleada ni pronunciada, incluso me atrevería a decir que no debería existir, debería ser eliminada del vocabulario de las fiestas, de hecho somos cantidad los que aborrecemos y detestamos esta frase. Durante estos cincuenta años, cada uno ha hecho lo que buenamente ha podido, y de acorde a lo que las circunstancias y el dinero disponible le ha permitido.
Una buena decisión fue también la implantación de los grupos de trabajo que vienen funcionando casi desde los inicios, y que tomaron forma definitiva cuando apenas se llevaban celebrados once o doce años de fiestas dentro del actual formato. Desde un principio se procuró incorporar a cada grupo a las personas que por sus conocimientos, aficiones, relaciones… mejor podían desarrollar el trabajo de su grupo correspondiente, y la verdad sea dicha acertamos plenamente, la prueba es que algunos que empezaron entonces a día de hoy todavía continúan y en ciertos casos, la misma labor, la siguen desarrollando sus hijos e incluso los hay que están empezando a desarrollarla sus propios nietos.
Otra de las claves principales ha sido el acierto a la hora de realizar los sucesivos cambios generacionales, es decir, los relevos al frente de la Comisión. Siempre se han llevado a cabo a su debido momento y sin que nunca hayan supuesto ningún problema, al contrario, cada uno ha contribuido a aportar a las fiestas renovadas ideas, inyectar savia y aires nuevos, atraer a más gente, y para fortalecer el conjunto.
Algo que igualmente merece ser mencionado y resaltado son las ganas, la buena disposición y el afán de trabajo mostrado siempre por todos los que de alguna manera hemos llegado a formar parte de la Comisión, y al decir todos me refiero desde los que empezamos al principio, hasta las últimas incorporaciones de los más jóvenes, pasando por el resto de todos los demás. Es algo que siempre me ha llamado la atención y me ha congratulado, algo que para la continuidad, y el éxito de las fiestas ha sido fundamental…, y digo éxito con toda la extensión de la palabra, porque quieran o no quieran reconocerlo y aceptarlo algunos, celebrar las fiestas durante tantos años consecutivos con la misma regularidad y sin apenas altibajos, con tanta avenencia y tan pocos cambios dentro de la Comisión, tan entretenidas y provechosas para los intereses del pueblo en cantidad de aspectos, con tan buen control y buena administración que han permitido cerrar prácticamente todos los ejercicios de manera favorable en todos los sentidos, sin ningún quebranto económico que merezca ser comentado, e incluso me atrevería a decir que muchas veces incluso por encima de las posibilidades reales del pueblo…, es algo que no suele prodigarse, algo muy difícil de llevar a cabo, algo muy difícil de alcanzar…, y en Benafigos lo hemos hecho.
El haber estado la Comisión formada por tal elevado número de miembros, y el haberse realizado solo los cambios justos y necesarios, también ha influido en buen grado para que las fiestas hayan tenido tanta continuidad, han sido dos factores muy importantes. De un lado, al ser el número de integrantes de la misma tan elevado ha determinado que haya sido prácticamente todo el pueblo el que ha estado involucrado y sentido comprometido en la organización de sus propias fiestas, el que ha venido participando, colaborando y trabajando sin desmayo, y el que ha conocido desde dentro y por tanto mucho mejor todo lo relacionado con el panorama festero local…, con las múltiples ventajas que ello conlleva. De otro lado, al ser las mismas personas las que han realizado idéntico cometido durante tanto tiempo, ha permitido no partir nunca de cero, sino arrancar cada año con la experiencia y la práctica que se ha venido adquiriendo en ediciones anteriores, y como bien escribió Swami Sivamanda en su libro Sadhna Taattva “Una onza de práctica es mejor que toneladas de teoría”.
El saber amoldarnos a los gustos y preferencias de cada una de las diferentes épocas también ha tenido bastante que ver, el mundo va evolucionando muy rápido y si no estás alerta a los cambios, los avances e inclusive a las necesidades de cada momento… te quedas rápidamente rezagado, anticuado y en algunos aspectos incluso obsoleto.
Y para alcanzar este CINCUENTA ANIVERSARIO, ha sido necesaria mucha dedicación, sobre todo mucha dedicación y mucho esfuerzo. Solo Dios sabe la cantidad de horas, de horas y más horas, de trabajo, trabajo y más trabajo que el conjunto de los miembros de la Comisión, y muy especialmente determinadas personas en concreto…, habrán dedicado a las fiestas.
Pero no es este el momento de pormenorizar y aún menos de citar nombres propios, el mérito es de todos, de todos y cada uno de los que de una forma o de otra, y en menor o en mayor medida, han colaborado y han participado en las fiestas durante estas últimas cinco décadas.
En referencia a no citar nombres propios, me gustaría aclarar que, aunque reconozco que son muchísimos los que bien ganado tienen que sus nombres fueran referidos, al ser tantos y tantos los que por un motivo o por otro deberíamos de mencionar, la única razón de no hacerlo es que resultaría imposible enumerarlos a todos, y con el objetivo de evitar los posibles malentendidos y las suspicacias que las omisiones podrían llegar a acarrear…, hemos optado por no citar con su nombre propio a nadie relacionado directamente con algún trabajo y con la organización de las fiestas.
Las fiestas, con su particular e innovadora forma de organizarse y celebrarse, han supuesto mucho para Benafigos, mucho más de lo que a simple vista pueda parecer. Aparte de aportar entretenimiento, juerga y diversión, han sido y continúan siendo la excusa perfecta para visitar el pueblo, y poder así reencontrarnos, hermanarnos y fraternizar por lo menos una vez al año. De igual manera han contribuido a conocernos mejor, a fortalecer la unidad, a trabajar conjuntamente, a remar todos juntos y con la misma dirección, hecho que dado nuestro peculiar carácter y especial forma de ser no acostumbra a darse con demasiada frecuencia en el pueblo.
Además las fiestas han conllevado la publicación del llibret del programa que a su vez ha proporcionado, a través de sus páginas, el espacio suficiente para poder divulgar la historia, costumbres, leyendas, creencias, tradiciones, devociones, y muchas otras cosas de interés general que de no ser por el llibret, y consecuentemente por las fiestas, hubiera resultado bastante complicado publicarlas y darlas a conocer. Detalle este de una importancia vital, porque el desconocimiento o la pérdida de la identidad cultural de un pueblo pueden llegar a influir, y de hecho influye, en su supervivencia y permanencia. Reproduciendo las palabras pronunciadas por el papa Francisco en el transcurso del discurso dirigido a las autoridades de Paraguay durante su viaje a aquel país en julio del 2015: “Un pueblo que olvida su pasado, su historia, sus raíces, no tiene futuro, es un pueblo seco”.
Esta Comisión se siente plenamente complacida de haber empezado y de cómo se han venido desarrollando las cosas, de darse de nuevo la ocasión volveríamos a empezar sin dudarlo un solo momento.
Para nosotros supone una inmensa satisfacción, algo indescriptible, alcanzar este CINCUENTA ANIVERSARIO, QUINCUAGESIMO ANIVERSARIO, DECALUSTRO, CINCUENTENARIO…, o como cada uno le quiera llamar y escribir. Es como un bonito sueño hecho realidad, es el premio a la perseverancia, es como recoger el fruto de tantos y tantos años de trabajo y esfuerzo, es el reconocimiento a nuestra entrega y dedicación…. Nos complace, nos honra y enorgullece el haber llegado hasta aquí, el haber podido ser útiles y servir a nuestro querido Benafigos, el haber trabajado de cara al bien de las fiestas, y el haber contribuido, a través de los actos programados con esta finalidad, a expresas y realzar la inmensa devoción que los benafiguís sentimos hacia nuestra santa patrona la Virgen de la Ortisella.
Son estos unos momentos de enorme sensibilidad y de mucha emotividad, son momentos en que los sentimientos del corazón se engrandecen y las ideas en la cabeza se te empequeñecen, y no sabes que decir, son momentos que te hacen recordar y sentir muchas cosas.
En mi caso en particular, recuerdo una buena parte de lo disfrutado, vivido y sufrido en relación a las fiestas, aquellos años de los principios cuando la cosa no pintaba nada bien pero al final los problemas se solucionaban y hala a por otro año, el gran trabajo que conlleva todo lo relacionado con la lotería, aquellos momentos antes del inicio, sobre todo, de la presentación, del espectáculo y de la desencajonada de algún toro, la primera embolada llevada a cabo en la localidad, el año en que se montaron una buena parte de los cadafals, aquellas erratas de la imprenta en la impresión del llibret que tanto me fastidiaban, las reuniones en un bar de la capital de la provincia con el fin de preparar las fiestas y que llegaron a prodigarse hasta una vez al mes durante casi veinte años, la aparición y consolidación de las peñas, el año que se celebró la presentación con las bandas que no correspondían, las dificultades algunas veces y las facilidades en otras para encontrar reinas y damas, la alegría y grata impresión que me causó presenciar la primera verbena celebrada en el frontón, y al propio tiempo la nostalgia y tristeza que sentí al ver, también por primera vez en una noche de fin de semana en fiestas, el centro neurálgico de la localidad aparentemente casi del todo vacío.
En un trayecto tan largo como el que han recorrido las fiestas y junto a ellas la Comisión, es normal que acontezcan muchas cosas. Algunas, y aunque pasen los años, siempre te satisface y te resulta grato recordar, otras en cambio te dejaron un cierto sabor amargo y preferirías poder olvidar. Como la vez que los servicios veterinarios determinaron que la carne del toro no era apta para el consumo y nos obligaron a desecharla, las veces que algún toro o vaca se han malogrado en el transcurso de su lidia, lo sucedido y las formas que el Ayuntamiento empleó para hacerse cargo de la organización del acto de la presentación, una buena parte, no digo todo, de lo dicho y hecho en el transcurso de la parodia de la que fue objeto la presentación en cierta ocasión, las consecuencias de lo ocurrido en una comida de los socios, un par o tres problemas en el cobro de talonarios de lotería, el comportamiento y actitud del encargado de una cierta orquesta por un simple malentendido de una cláusula del contrato, los reproches que se me dirigieron de una forma no muy ortodoxa que digamos por la tardanza en llegar de una ganadería, el año que se suspendió el espectáculo por la lluvia, las veces en que se ha ido la luz, las críticas inmerecidas vertidas sobre la Comisión o sobre alguno de sus miembros en particular….
Dentro de otro contexto diferente recuerdo cuando el toro o vaca se sacrificaba en la plaza y era colgado en el árbol con el fin de ser descuartizado, el primer toro, en este caso vaca, que fue adquirido para ser sacrificada y aprovechar la carne, el revuelo y expectación levantada con ocasión de la primera desencajonada y posterior lidia, embolada y muerte habida en Benafigos de un toro cerril procedente directamente de una ganadería de primer nivel.
Así mismo recuerdo el sonido que al darles el viento desprendían las banderitas colgadas en la plaza que hacía intuir a la gente mayor si iba a llover o no, el miedo que llegué a sentir por si llovía sobre todo la noche de la presentación, la del espectáculo, y la tarde y noche del segundo sábado, lo diferentes que son las fiestas de ahora con las de los inicios en algunos aspectos y lo parecidas que son en otros.
Por otro lado, recuerdo y no voy a olvidar jamás, el año en que mi hija y yo mismo enfermamos los dos simultáneamente en vísperas de las fiestas, y al ser a la propia vez presidente de la Comisión y clavarios de la Virgen, imagínense el panorama que se presentaba, pero con el apoyo de cantidad de buenas personas que nos ayudaron en todo lo que hizo falta, y además, bien por el acierto médico en el tratamiento recetado, quien sabe si por la intercesión de la Virgen que también pudo ser, tal vez por las dos cosas juntas o vete a saber porque…, la verdad es que rápidamente sanamos los dos, y todo se desarrolló satisfactoriamente.
Y muy especialmente recuerdo a los compañeros de Comisión, y a todas las demás personas que de una forma o de otra han llegado a colaborar en las fiestas y que no han podido llegar hasta aquí para celebrar y disfrutar, junto a nosotros, de la celebración por la consecución de esta gesta…, una gesta muy especial, una gesta muy difícil de alcanzar, una gesta que quedará grabada a perpetuidad en un lugar destacado del libro de la antiquísima y gloriosa historia del pueblo de Benafigos.
Muchos se estarán preguntando que va a ser de las fiestas a partir de este momento, que va a pasar ahora, pues bien, no va a pasar absolutamente nada, todo va a seguir siendo exactamente igual, hay que continuar como si tal cosa, hay que ir, por lo menos, a por otros cincuenta años, hay que alcanzar, como sea, el cien aniversario. Por ley de vida una buena parte de los que estamos deambulando por estos mundos de Dios en estos instantes, no vamos a estarlo entonces, aunque qué más dará, otros habrá, igual o mejor que nosotros lo harán, y las fiestas continuarán.
Nadie sabemos con exactitud cuál será la situación del pueblo dentro de unos años, que tipo de tesituras le aguardan, qué futuro le espera…, pero fuera lo que fuera y lo que el destino quiera, material, moral y espiritualmente, Benafigos y la Virgen siempre van a estar aquí…, y visitarles de cuando en cuando, y a poder ser en fiestas, con el fin de darles vida, recordar su historia, reverdecer sus laureles, revivir sus costumbres, tradiciones y devociones, cuidar y disfrutar de su flora y su fauna, admirar sus bellezas y encantos, dedicarles la atención, el recuerdo, el cariño, el respeto y la veneración que merecen, así como para rendirles su merecido homenaje en acción de gracias por lo muchísimo y muchísimo que generación tras generación y por los siglos de los siglos, nos han dado y han significado para la gran mayoría de los benafiguís…, creo que tampoco es pedir mucho…, y para que el pueblo aguante como tal, que la Virgen de la Ortisella continúe protegiendo este bendito lugar, y para que las fiestas y la Comisión tenga continuidad hasta alcanzar como mínimo los cien años, bajo mi humilde opinión…, sería suficiente.
Y nada más, hay que terminar, y en estos momentos finales y tan especiales para nosotros, embriagados de emoción, con los ojos humedecidos y las lágrimas a punto de aflorar, porque quieras o no han sido muchos años metidos en esto y encima viviendo las fiestas muy de dentro y muy intensamente…, sintiéndonos más benafiguís que nunca, tan devotos de la Virgen como siempre, y unos enamorados de las fiestas, van a permitirnos hacerlo gritando con todas nuestras fuerzas y desde lo más profundo del corazón.
¡Viva Benafigos!
¡Viva la Virgen de la Ortisella!
¡Vivan las Fiestas!
Teodosio Monserrat Barreda